En este mundo hay dos tipos de personas: por un lado están los que les gusta que se lo den todo hecho; son personas que no se comen el coco para nada y tiran la toalla antes de intentar hacer algo. Por el otro lado están las personas que aman los retos; personas que luchan hasta el último momento por alcanzar aquello que desean. A esas personas dedico mi entrada esta noche.
Son personas soñadoras, las más locas de todas, tienen muchísima imaginación y siempre tienen algo entre manos. La constancia y la ilusión son su bandera.
A pesar de que la dura realidad haya golpeado a más de uno, estos no bajan la cabeza y con una sonrisa son capaces de mover montañas. No hay obstáculo que se les resista, dan lo mejor de sí mismos hasta que lo han dado todo y no les queda nada.
¿Qué sucede cuando piensas que no te queda nada?
Llegas a un estado de desesperación, en el que toda esa positividad parece haber perecido en las tinieblas, piensas que ya no hay manera de dar la vuelta a la tortilla, que la situación es insostenible y que no puedes hacer nada más.
De repente, el tiempo se detiene, miras a tu alrededor y ves las cosas de otra forma, vez los matices con más claridad, el universo se expande y todo rebosa de belleza y armonía, es entonces cuando recuperas esa chispa de esperanza que necesitabas y todo vuelve a fluir. Tus ideas se multiplican y vuelves a sonreír, y una vez más eres el dueño de tu destino.
Con esto quiero decir que en la vida tenemos muchas metas; algunas son fáciles de lograr y casi no nos enteramos cuando las conseguimos, pero las metas más complicadas de conseguir nos dan el doble de placer una vez logradas. Es por eso que debemos hacer hincapié en esforzarnos por conseguir lo que queremos, nadie va a llegar a nuestras vidas a hacernos felices, así que busquemos esa felicidad por nosotros mismos, igual con un poco de suerte la felicidad de dos personas puede coincidir en el camino, eso nunca se sabe.
¡Seguimos luchando, buenas noches!