Seguramente, alguna vez habréis sentido algo por alguien, pero no me refiero a un sentimiento cualquiera, me refiero al amor, ese sentimiento que nos vuelve locos e irracionales, ese sentimiento que nos hace llegar a lo más alto... pero también a lo más bajo.
Cuando nos gusta una persona, lo primero que queremos saber es si ese sentimiento es mutuo, si hay algún atisbo de esperanza en que esa persona se fije en ti y pueda llegar a producirse la magia.
A veces las cosas son muy fáciles, la otra persona siente exactamente lo mismo que tu, os conocéis, emcontráis muchos parecidos, os sentís cómodos y todo lleno de florecitas es amor y felicidad. En ese caso las cosas fluyen cómodamente como una trucha en el río.
La mayoría de las veces, en cambio, no es tan sencillo, y es que esta entrada va dedicada a aquellas personas que son vilmente rechazadas (me voy a poner muy dramático, aviso).
Cuando el amor no es correspondido sentimos como un pinchazo en el estómago, una espina que se nos clava y solo nos transmite dolor. En ese momento lo único que queremos es que la tierra nos trague, pasamos un mal rato cuando alguien nos rechaza, porque en nuestro subconsciente está siempre la esperanza de que nos van a decir lo que queremos oír, y claro, cuando resulta que las cosas no salen como uno espera, caemos en la desolación.
Evidentemente, cada uno siente y padece a su manera, esto que yo os digo es una visión muy personal. El amor no se puede medir, es como el dolor, de carácter sumamente subjetivo.
No quisiera seguir regocijándome en el dolor que una persona siente cuando es rechazada, todos sabemos muy bien qué se siente y machacar el dolor solo conlleva más dolor.
Por lo cuál, el mensaje que quiero transmitiros no es otro que este: nunca permitáis que un rechazo amoroso dañe vuestra autoestima, cada uno de vosotros es válido tal y como es, tan solo debéis dar con la persona adecuada, y eso, tarde o temprano, acaba llegando. Nunca cambiéis por nadie, os tienen que querer por como sois, nunca por como quieran que seáis. Nunca sufráis por quien no lo merece ni os rebajéis, vuestro orgullo es lo único que tenéis para siempre, no lo perdáis por nada del mundo. Por último, y no por eso menos importante, nunca busquéis una alternativa rápida para apaciguar el desamor, podríais acabar haciendo daño a otra persona, y eso sí que está feo.
Señoras y señores, el desamor es una parte más de nuestras vidas, debemos abrazarlo y aprender de el, por duro que suene.
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