En la vida de toda persona llega un momento en el que tienes que empezar a decidir por ti mismo. A medida que creces y maduras como persona, tus responsabilidades aumentan, y con ellas, tu capacidad de decisión.
Existen decisiones de todo tipo: decisiones del tipo "desayunar pan o cereales" hasta decisiones del tipo "estudiar fuera o en España"
Como ven el abanico de decisiones existentes es enorme, y aumenta a medida que tenemos más responsabilidades... el caso es que muchas de estas decisiones pueden cambiar tu vida por completo.
Toda decisión tiene un coste de oportunidad, concepto económico que podemos aplicar perfectamente a este ámbito. El coste de oportunidad es lo que dejas de hacer al tomar una decisión, lo que no se lleva a cabo.
Hablemos de las decisiones que consideramos importantes: la toma de decisiones importantes, hablando claro, es una putada. Sabes que, elijas lo que elijas, vas a perder algo, y en ocasiones no estás seguro de que tu decisión sea la correcta hasta que recurras a la empiria.
El problema de todo esto surge cuando el tiempo te dice que la decisión que has tomado no ha sido la correcta. En ese momento el mundo se te viene encima, te sientes como la persona más desgraciada del mundo y te arrepientes de no haber tomado otra dirección.
Por desgracia esto es algo que nos pasa muy a menudo, pero yo pienso que no debemos torturarnos con nuestros errores puesto que estos ya han sido cometidos. Hay que centrarse en las soluciones, no en los problemas, y lamentarse por los errores no nos va a devolver la oportunidad de remediarlos.
El mensaje que quiero transmitiros hoy es el siguiente: no os arrepintáis nunca de vuestras decisiones, son vuestras y solo vuestras, y aunque puedan no ser siempre acertadas, debemos apechugar con orgullo las consecuencias y tratar de crecer como personas.
Aprended de vuestros errores, y recordad: es mejor tomar una decisión y hacer algo por ti mismo que no tomarla y permanecer inerte ante las cosas.
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