jueves, 1 de octubre de 2015

Microrrelato 2

Sentía que la situación se le iba de las manos, no podía soportar el hecho de sentirse tan solo y tan incomprendido. Las horas pasaban muy despacio en aquella habitación vacía, encerrado entre cuatro paredes, atrapado en sus propios pensamientos oscuros.

Un buen día decidió abandonar aquel letargo de dolor y melancolía, decidió que era el momento de poner fin a su amarga existencia, se dirigió al punto más alto de la muralla que daba al mar, quería fusionarse con aquel conglomerado de piedras puntiagudas que allí se encontraban.

Cuando fue a saltar, oyó una voz que desde lejos gritaba: _¡No lo haga! ¡Nadie merece acabar así!
El chico se dio la vuelta aterrorizado a la vez que sorprendido, no podía articular ni un solo sonido, el tiempo se detuvo. 

Era la primera vez que oía una voz, aquello fue milagroso.

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