Tocar la guitarra es lo que más me gusta hacer en la vida, quiero compartir con vosotros lo que significa para mí.
Me acerco al armario donde la tengo guardada, la cojo, la saco de su funda y me siento en la cama. Compruebo que está bien afinada y, antes de emitir ningún sonido, tomo un poco de aire.
Normalmente, cuando toco la guitarra, me dedico a componer, no me gusta copiar lo que otros hacen, entonces comienzo a combinar sonidos que, de alguna manera, expresen lo que siento en el momento de tocar, es una forma de comunicarse y de abrirse a los demás, ya que, a veces, resulta complicado explicar ciertas cosas con las palabras.
Una vez que empiezo a tocar, la guitarra se apodera de mí, enseguida dejo de ser consciente de lo que estoy tocando, me dejo llevar por completo hasta el punto de ignorar por completo lo que me rodea, solo estamos ella y yo, convertidos en un solo ser.
Ahora os contaré cómo toco la guitarra: la mano derecha para tocar las cuerdas con extrema dulzura, sin mostrar brusquedad en ningún momento, los dedos se deslizan suavemente por las cuerdas para que el sonido sea lo más limpio posible, no hace falta ser bruto para que la guitarra suene más fuerte. La mano izquierda es la que pone la fuerza y la velocidad en el mástil, es imprescindible pulsar con fuerza para producir con exactitud el sonido que queremos.
Vemos pues, que se realiza un reparto de fuerzas en la guitarra, la fuerza por un lado y la dulzura por el otro, llegamos así a un equilibrio bastante curioso, ¿no creéis?
Pues esta es mi visión particular de la guitarra, esto lo puedo aplicar perfectamente a cualquier instrumento que toque, pero cada uno tiene sus características y la guitarra es el más especial para mí.
Ahora os lanzo la pregunta a vosotros: ¿Qué sentís al hacer lo que más os gusta?
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